Para ampliar información: https://psycnet.apa.org/doiLanding?doi=10.1037%2Fxge0001579
domingo, 24 de noviembre de 2024
El valor de escuchar, de tender puentes, es el coraje de entender al otro
Para ampliar información: https://psycnet.apa.org/doiLanding?doi=10.1037%2Fxge0001579
domingo, 17 de noviembre de 2024
La visión de Rafael Yuste acerca del futuro de la realidad y los neuroderechos
Esta entrevista con Rafael Yuste, neurobiólogo hispano estadounidense, toca un tema fascinante y a la vez inquietante: el potencial de la neurotecnología para cambiar nuestra comprensión de la realidad y sus implicaciones éticas. Como él menciona, el concepto del «teatro del mundo», en el que nuestro cerebro genera una representación virtual de la realidad, es una teoría de profundo impacto, que conecta directamente con filósofos como Kant y Platón, y autores literarios como Calderón de la Barca. Tengo una fuerte sospecha de que esta idea revolucionaria tiene una base sólida en la evolución biológica: los cerebros han perfeccionado su capacidad de modelar la realidad externa durante cientos de millones de años para ayudar a los organismos a sobrevivir.
La extrapolación de esta teoría es perturbadora, ya que plantea la posibilidad de que, mediante la manipulación de la actividad cerebral, sea posible alterar esa realidad subjetiva en los seres humanos. Aunque la tecnología para hacer esto ya está disponible en animales, el riesgo en humanos es inmenso, por lo que Yuste insiste en la necesidad urgente de legislar y proteger los neuroderechos. La mente es un santuario personal y debe permanecer inviolable, salvo en casos de intervención médica justificada, lo que hace imprescindible una legislación clara y robusta que defienda nuestra privacidad cerebral.
El aspecto positivo de las neurotecnologías es igualmente impresionante. El hecho de que puedan ser la clave para tratar enfermedades cerebrales incurables es esperanzador. Como explica Yuste, el alzheimer, la esquizofrenia o la epilepsia son verdaderos desafíos para la medicina actual. La posibilidad de que estas tecnologías revolucionen la psiquiatría y la neurología no solo abre una ventana a mejorar la calidad de vida de millones de personas, sino que podría cambiar por completo cómo entendemos y tratamos las enfermedades mentales. Pensar que estas tecnologías podrían ayudar a comprender mejor la naturaleza de las emociones humanas y los procesos cognitivos que nos definen como especie, resulta tan emocionante como esperanzador.
Una de las propuestas más interesantes es la idea de la decodificación de pensamientos, que permitiría, por ejemplo, escribir directamente a través del pensamiento o incluso reducir los malentendidos mediante una especie de traducción simultánea de ideas. La ineficiencia en la comunicación humana quedaría completamente atrás si pudiéramos transmitir nuestras intenciones sin que el lenguaje fuese una barrera. Aunque suene a utopía de ciencia ficción, Yuste lo presenta como una posibilidad tangible a medio plazo.
No obstante, la cuestión de la privacidad y la protección de los datos neuronales será crucial para evitar que estas tecnologías se utilicen de manera indebida. Yuste es tajante: los datos neuronales deben considerarse tan sensibles como los datos médicos. El ejemplo de la reciente legislación aprobada en California es un paso en la dirección correcta y es alentador ver que en España también se están dando los pasos adecuados para adoptar estas medidas. Esto podría posicionarnos como pioneros en Europa, algo extremadamente positivo y conveniente.
La entrevista se cierra tratando acerca de la relación entre los avances en inteligencia artificial y la neurociencia como otro tema clave. El cerebro humano sigue siendo una fuente de inspiración para los algoritmos de redes neuronales que sustentan la IA moderna. Yuste destaca un hecho asombroso: nuestro cerebro, con un consumo energético ínfimo, gestiona más conexiones que toda la internet global. Si logramos comprender cómo la naturaleza ha resuelto este enigma, podríamos revolucionar el futuro de la tecnología, reduciendo drásticamente su consumo energético, que empieza ya a convertirse en un nuevo problema.
domingo, 10 de noviembre de 2024
Nihil novum sub sole
Ulrich había dejado Stalingrado como quien se arranca la piel, con los huesos temblando bajo el uniforme raído y la mirada perdida en el blanco infinito del invierno ruso. No había victoria, no había gloria. Solo cadáveres enterrados en hielo y gritos atrapados en las trincheras. Diez años habían pasado desde que la guerra lo tragó, y en su marcha errante hacia Berlín, hacia su Penélope, no había encontrado sino ruinas, sombras de ciudades que ya no existían.
Europa era un paisaje de cenizas. Los caminos se bifurcaban como serpientes muertas, las vías del tren yacían retorcidas bajo cielos plagados de nubes sombrías. Ulrich caminaba entre ellas como un espectro, sin sentir hambre ni frío, como si su cuerpo hubiera abandonado la lucha hacía tiempo y solo quedara su voluntad obstinada. La muerte lo había rondado mil veces, pero parecía negarse a llevárselo, como si disfrutara viendo su lento declinar.
Una noche, mientras bordeaba los escombros de lo que una vez fue Varsovia, una bandada de cuervos lo siguió desde el cielo. Creyó ver en sus ojos el brillo de antiguos dioses, crueles, mofándose de su desgracia. Al caer la tarde, encontró refugio en un edificio bombardeado, donde unos cuantos miserables se habían refugiado del invierno. Hombres rotos, soldados de ejércitos olvidados, todos con la misma mirada vacía. Entre ellos, una mujer pálida, de rostro afilado y ojos vacíos, lo observaba en silencio. Se llamaba Circe, pero ya no tenía pócimas ni encantos. Sus manos estaban manchadas de ceniza, y su sonrisa era una cicatriz abierta.
Circe le ofreció aguardiente y una mentira disfrazada de esperanza. Ulrich bebió, porque era más fácil olvidarse por un momento de la guerra que había dejado atrás que seguir sintiendo la náusea constante en el pecho. Los demás también bebieron, y pronto comenzaron a reír, aunque sus risas sonaban como llantos disfrazados. La noche se estiró interminable, y cuando amaneció, Ulrich se encontraba solo. Los demás se habían desvanecido como humo, dejando la huella de sus cuerpos aún tibia sobre el suelo frío.
Continuó su viaje. Ya no buscaba el regreso, sino el fin, pero la muerte seguía esquivándolo con una crueldad casi burlesca. Al llegar a Berlín, su Ítaca mancillada, descubrió que Penélope no había tejido nada en su ausencia. La guerra había destrozado el telar, había reducido la casa a unas ruinas vacías. Vagó entre los escombros, escarbando la tierra con las manos como si buscara algo perdido, algo que ni siquiera recordaba.
Los pretendientes no eran hombres de carne y hueso, sino fantasmas de otros tiempos, soldados que yacían esparcidos por las calles, ojos vacíos abiertos al cielo. Telémaco no era más que una sombra, un niño que había crecido alimentado por la muerte, sus manos pequeñas sosteniendo armas más pesadas que su memoria.
Ulrich se arrodilló entre los escombros, mirando la ciudad muerta que una vez llamó hogar. No había victoria, no había final. Solo quedaba la guerra, riendo, infinita, como un cáncer en el alma de la humanidad. La paz era un mito que los hombres contaban para no volverse locos.
domingo, 3 de noviembre de 2024
Cuando el mundo avanza despacio, el grito interior resuena de manera ensordecedora
En más de una ocasión he sentido ese impulso incontrolable de abandonar una conversación vacía, de esas en las que parece que el tiempo no avanza, pero la charla sigue. No me malinterpretes, puedo ser educado, claro, y participar en este tipo de intercambios banales cuando la situación lo requiere. Sin embargo, por dentro, mi mente se retuerce, buscando algo más que hablar del clima o del último meme en internet o programa de televisión irrelevante. Mi cerebro simplemente no tolera el tedio de lo predecible. Me hace preguntarme si esto es algo que experimentamos todos o, si como me han sugerido más de una vez, tiene que ver con la incomodidad que a veces se siente al pensar más rápido o más profundamente que bastantes de los que nos rodean.
Este tipo de situaciones me agotan, y no solo en lo social. En el ámbito laboral, la ineficiencia me frustra hasta límites que a veces resultan enervantes. No entiendo cómo otros pueden soportar procesos redundantes, decisiones mal fundamentadas o reuniones sin propósito. Para mí, cada minuto desperdiciado en algo que podría hacerse mejor es un ataque directo a mi paciencia, un insulto a la inteligencia y es ahí cuando mi mente empieza a desconectarse, buscando estímulos más desafiantes o algo que me distraiga hasta que esos momentos totalmente prescindibles pasan.
No necesito que todo el mundo a mi alrededor sea un genio, pero hay algo particularmente extenuante en lidiar con la incomprensión ajena. Intentar explicar una idea, una solución o un concepto que para mí es evidente, pero que parece un rompecabezas indescifrable para otros, es una fuente de desgaste emocional continuo. Es como si cada conversación se convirtiera en una montaña a escalar, y a veces, simplemente no me quedan ganas para seguir subiendo.
Y claro, como si todo esto no fuera suficiente, está el fenómeno de pensar demasiado. A menudo me encuentro atrapado en una espiral de análisis sin fin. Mi cerebro no se contenta con respuestas simples o con aceptar lo evidente; tiene que darle vueltas a todo, buscar ángulos nuevos, anticipar posibles problemas. No es raro sentirme agotado antes de haber dado siquiera un paso hacia la acción. Esta tendencia a la reflexión excesiva, curiosamente, puede llevarme a procrastinar. Paradójicamente, cuanto más claro tengo lo que debo hacer, más tiendo a posponerlo. Es una lucha interna constante entre la claridad mental y la inercia de la pereza.
Todo esto me lleva a una conclusión obvia, pero incómoda: percibir las cosas con mayor claridad y velocidad de lo habitual no es una ventaja libre de costes. Sí, puede que tenga la capacidad de resolver problemas complejos, de ver conexiones o patrones donde otros no las ven, o de crear mis propios retos cuando el entorno no me los ofrece. Pero la otra cara de la moneda es una sensación persistente de insatisfacción, de estar rodeado de un mundo que no siempre me entiende o que avanza a un ritmo que no comparto.
Si alguna vez has sentido que no estás al nivel de lo que te rodea, ya sea en el trabajo, en conversaciones triviales o en la vida en general, conoces estas experiencias a las que me refiero. Y aunque puedan resultar frustrantes, la clave está en encontrar los momentos —y las personas— que nos estimulan de verdad, y aprender a sobrevivir al resto del tiempo sin perder la cordura.
domingo, 27 de octubre de 2024
Eidan ratrepsed aesed on euq le ne oñeus nu se adiv al
Vivía en una ciudad donde los relojes andaban hacia atrás y las sombras vagaban solas. Su nombre era Ulises, un hombre que amanecía antes de quedarse dormido y soñaba después de que sus párpados despertaran.
Las calles eran ríos de arena que cambiaban de rumbo junto con el viento y las palabras se paseaban libres como mariposas sin viento. Ulises era un buscador, buscaba algo que, al final del día, no recordaba haber perdido.
La llave sin puerta estaba en su bolsillo, una llave que, aunque no abría ninguna entrada, destellaba en un sol de mil luces cada noche sin luna.
Un día, después de contemplar la extraña fuga de su propia sombra por un callejón que no existía, la siguió. Al final de la acera le esperaba un grupo de árboles con raíces por encima de la Tierra y ramas en el cielo. Aquí conoció a una mujer sin rostro que le ofreció un espejo hecho de agua. “Aquí”, dijo, “podrás ver lo que no eres”. Ulises miró en el espejo y vio un desierto infinito donde una estatua de arena se desmoronaba con cada latido de su corazón. Soltó el espejo confundido; la gota de agua se expandió en una nube que subió hasta verse disipar.
Siguió caminando y llegó a una casa que era más grande por dentro que por fuera. Las habitaciones tenían ventanas repletas de bruma y un reloj que se resistía de manera terca en marcar las mismas horas. Al fin de un pasillo sin fin, una puerta guardaba un abismo que olía a cosmos. Metió la llave y observó cómo el vacío estaba lleno de estrellas cantando canciones sin sonido.
Fue ahí cuando Ulises entendió que buscaba respuestas en donde las preguntas iban a morir. Entonces se sentó al borde del abismo y dejó que las estrellas le contaran cosas sin principio ni fin. Sintió que su sombra había vuelto, era luz y era sombra. Y juntos, se disolvieron en una sola existencia de sombra y luz, ser y no ser.
Fueron y quedaron, ya no había tiempo, y Ulises se convirtió en una abstracción en la mente de algún dios muerto. La ciudad siguió girando sin final. La gente siguió persiguiendo sus sombras y no dando nunca con ellas. Pues la vida y el absurdo y la maravilla que es, continuaron eternas y finitas. La vida es un sueño en el que no desea despertar nadie.
martes, 15 de octubre de 2024
El mar, la mar, la aventura que un día fue...
Es asombroso pensar en la valentía y la determinación de los grandes capitanes que, con medios precarios y en condiciones extremas, lograron hazañas que marcaron la historia de la humanidad. La navegación en el pasado era un acto tan arriesgado como las misiones espaciales del último tercio del siglo XX, con el peligro constante de lo desconocido y la posibilidad siempre presente de no regresar jamás. Estos capitanes no solo se enfrentaron a mares peligrosos, sino también a retos tecnológicos, políticos y humanos que hoy, desde nuestra perspectiva, parecen casi insuperables.
De entre todos los que han sido, estos 10 célebres marinos y exploradores tuvieron un impacto decisivo en la historia de la humanidad. Si bien son todos los que están, es obvio que no están todos los que son, aunque en nuestra memoria hispana destaque de una manera espacial Juan Sebastián Elcano, el primer capitán en completar la vuelta al mundo, representando el coraje y la resistencia humana ante lo desconocido. Esta travesía no solo demostró que la Tierra era redonda, sino que también abrió nuevas rutas comerciales que cambiaron el curso de la historia económica y política.
Sin más, y por orden cronológico:
1. Erik el Rojo (950-1003 aprox.)
Este vikingo noruego, al descubrir y colonizar Groenlandia, fue uno de los pioneros de la expansión nórdica en el Atlántico Norte. Su legado es un testimonio del espíritu indomable de los vikingos, navegantes que, con tecnologías rudimentarias, se aventuraron en algunos de los mares más hostiles del mundo.
2. Zheng He (1371-1433)
Ochenta años antes de que Colón zarpara, Zheng He comandó una de las mayores flotas jamás vistas, demostrando el poderío de la China de la dinastía Ming. Sus viajes diplomáticos y comerciales extendieron la influencia de China por el océano Índico, conectando Asia con África de manera nunca antes vista. Aunque su legado no está tan presente en Occidente, su impacto en la historia marítima es incuestionable.
3. Cristóbal Colón (1451-1506)
Su descubrimiento de América en 1492 revolucionó el mundo. Colón fue el precursor de la era de exploración y colonización europea, alterando profundamente el curso de la historia. Su impacto fue tan grande que aún hoy seguimos hablando de él en conversaciones cotidianas.
4. Fernando de Magallanes (1480-1521) y Juan Sebastián Elcano (1476-1526)
Capitaneada por Magallanes, la primera vuelta al mundo fue completada por Elcano tras la muerte del primero durante la travesía. Su logro no solo probó la esfericidad de la Tierra, sino que también abrió nuevas rutas comerciales globales que cambiarían la economía mundial para siempre. Su gesta es comparable al primer alunizaje: el desconocido océano era su espacio, y él, uno de sus primeros astronautas.
5. Bartolomeu Dias (1450-1500)
Su éxito al doblar el cabo de Buena Esperanza en 1488 abrió la puerta a la ruta marítima hacia Asia, lo que revolucionó el comercio global. Fue uno de los primeros grandes capitanes en demostrar que África podía ser rodeada, conectando el Atlántico con el océano Índico y acelerando la expansión portuguesa.
6. Francis Drake (1540-1596)
El corsario inglés que desafió a España circunnavegando el mundo y saqueando sus colonias. Su audacia influyó decisivamente en el conflicto anglo-español y, como comandante, demostró una combinación de astucia y valentía que pocos podían igualar en su tiempo. Sus hazañas, entre ellas la defensa de Inglaterra contra la Armada Invencible, le han ganado un lugar inamovible en la historia.
7. Edward Teach (Barbanegra) (1680-1718)
El capitán pirata más temido del Caribe, con su terrorífica apariencia y despiadadas tácticas. Barbanegra dominaba el miedo como arma, algo que utilizó para controlar rutas comerciales clave. Su nombre aún resuena en la cultura popular como el pirata por excelencia.
8. James Cook (1728-1779)
Un verdadero pionero en la exploración del Pacífico, Cook cartografió Australia, Nueva Zelanda y muchas otras islas. A su coraje se le atribuye no solo la expansión del Imperio Británico, sino también importantes avances en la ciencia, gracias a sus precisas observaciones y descubrimientos en regiones antes desconocidas para Europa.
9. Horatio Nelson (1758-1805)
Su genialidad táctica le aseguró la victoria en la Batalla de Trafalgar en 1805, consolidando el dominio británico en los mares durante un siglo. Nelson es recordado no solo por sus victorias, sino por su carisma y liderazgo, que inspiraron a sus hombres a conseguir lo imposible en algunas de las batallas navales más decisivas de la historia.
10. Ernest Shackleton (1874-1922)
Aunque nunca logró su objetivo de cruzar la Antártida, su increíble capacidad de liderazgo y supervivencia bajo condiciones extremas durante la expedición Endurance ha sido fuente de inspiración durante más de un siglo. Shackleton mostró una determinación y fortaleza humana comparable con la de los astronautas que exploraron el espacio.
Estas figuras, como los primeros astronautas, nos recuerdan el poder del ingenio y la valentía humana frente a lo desconocido. Con barcos de madera y sin mapas fiables, se aventuraron en lo inexplorado, cambiando el mundo para siempre. A través de ellos, aprendemos que el verdadero progreso nace del coraje y la voluntad de ir más allá de los límites conocidos, incluso cuando esos límites parecen infranqueables.
Honor y gloria a todos ellos.
domingo, 13 de octubre de 2024
Otto, el oficinista
Otto se llamaba el oficinista, aunque a él su nombre siempre le había parecido más el de un insecto olvidado que se arrastraba por la mente cada vez que se observaba en el espejo de ascensor, ese cubo de cristal en el que subía y bajaba con el ritmo de los días.
Todo en su vida carecía de los atributos de lo real, estaba atrapado en una réplica defectuosa del universo. El despertador lo despertaba a las 7:03, un sonido frío y metálico, como si la realidad misma se hubiera vuelto mecánica. Se levantaba, se vestía, se tomaba su café solo sin azúcar de pie frente a la ventana, sin observarla realmente y salía a la calle.
Las sombras borrosas pasaban a su lado, las mismas caras inexpresivas, flotando. Llegaba a la oficina a las 8:37, saludaba al portero sin recibir respuesta y se sentaba en su cubículo. El reloj en la pared, ese miserable centinela del tiempo, siempre marcaba las 9:00 cuando Otto se hundía en su silla. A un lado, un compañero de trabajo cuyo nombre nunca podía recordar mascaba chicle en un ritmo que parecía acompasarse al tic-tac del reloj. Todo estaba demasiado sincronizado, como una mala interpretación. Pasaban las horas, una repetición de murmullos. Teclear, firmar, responder correos electrónicos irrelevantes, volver a mirar el reloj. Cada día terminaba como el primero: Otto guardando sus utensilios de trabajo en su maletín a las 18:12, cruzando el lobby de las oficinas, alcanzando al tren de las 18:30, el mismo paisaje gris que se desvanecía con edificios repletos de ventanas. Un ciclo perfecto, cerrado.
Y luego, una mañana, ocurrió lo imposible. Cuando sonó el despertador a las 7:03, Otto ya sabía lo que iba a pasar. Conocía cada detalle de ese día aún no vivido, cada paso para alcanzar la oficina y el número exacto de estos. También sabía las palabras que iba a recibir del jefe justo antes de marcharse a las 18:12. Sentía como si su vida fuera una proyección desde un proyector roto, con una cinta de celuloide deshilachada, girando y enredándose en sí misma; pero el día aún no había transcurrido siquiera. Sin embargo, tenía la certeza de que lo había experimentado exactamente así miles de veces antes.
Intentó parar, cambiar cualquier cosa. Anduvo más despacio hacia el tren. Compró una copia del periódico, pero las palabras se fundían juntas y giraban una y otra vez. Llegó tarde a la oficina, pero sus relojes todavía marcaban las 9 en punto cuando se sentó en su puesto de trabajo. Su compañero de oficina seguía masticando chicle, en un bucle infinito hipnotizante. Los días llegaron y se fueron, exactamente igual, fracasando cualquier tentativa de salir de este círculo vicioso.
El tiempo, imperturbable, se negaba a avanzar, acabando por dar la vuelta al final del día. Inmóvil, Otto intentó quedarse despierto toda la noche. Se obsesionó con que el sueño era el portal que cerraba sus días. Agotado y con los ojos abiertos, llegó al amanecer y el despertador sonó a las 7:03.
Entonces, al fin, Otto lo comprendió. Su vida no era un bucle, al contrario, era un eco infinito donde cada alternativa se malograba antes de adquirir forma.
Atrapado entre el pasado y el futuro, finalmente se resignó. Concluyendo que, en un mundo de sombras, lo que fuera a hacer mañana no importaba, porque ya no había tiempo, solo el eterno volver a empezar.
domingo, 6 de octubre de 2024
El arte de aprender: repetición y selección del objeto de estudio
El concepto de overlearning o sobreaprendizaje, tal como lo plantea el científico cognitivo Daniel Willingham, pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre cómo aprendemos y, más importante aún, sobre cómo asegurarnos de que lo que aprendemos perdure en el tiempo. En una época donde la información nos bombardea desde múltiples frentes y la educación se ve constantemente desafiada a adaptarse a nuevas tecnologías y metodologías, el sobreaprendizaje emerge como un recordatorio contundente: lo esencial sigue siendo practicar hasta dominar.
Una de las ideas centrales que presenta Willingham es que no todo puede ser practicado hasta la saciedad, sencillamente porque no hay tiempo. Esto implica tomar decisiones, tanto por parte de los docentes como de los estudiantes, sobre qué contenido es el que realmente debe practicarse hasta la automatización. El tiempo es un recurso limitado y debe invertirse en aquellos elementos que tendrán un impacto duradero, no solo en el rendimiento académico, sino también en la vida cotidiana.
Uno de los desafíos más interesantes que plantea el sobreaprendizaje es la necesidad de seleccionar con cuidado el contenido que merece ser practicado hasta la maestría. Willingham menciona ejemplos claros en disciplinas como las matemáticas, donde los estudiantes deberían automatizar conceptos recurrentes como las fracciones, los decimales o los números negativos. Estos elementos constituyen los «bloques básicos» sobre los cuales se construyen conocimientos más avanzados. Si no se dominan con rapidez y precisión, el estudiante se verá abrumado cuando se enfrente a problemas más complejos.
Lo mismo sucede con los idiomas, donde la gramática y la puntuación precisas deben convertirse en hábitos automáticos. Más allá de la corrección ortográfica, lo que se busca es que el alumno tenga un control fluido y casi instintivo de la lengua, lo que le permitirá no solo expresarse correctamente, sino también dedicarse a reflexiones más complejas sobre el uso del lenguaje, su estilo y la coherencia de su discurso.
Este proceso de automatización no se limita solo a las habilidades académicas tradicionales. También puede aplicarse a otros aspectos del aprendizaje y la vida. La repetición y la práctica continua de ciertos hábitos de pensamiento crítico, por ejemplo, pueden ayudar a los estudiantes a evaluar situaciones con más agudeza, o a identificar patrones importantes en diferentes disciplinas.
Otro de los puntos que aborda Willingham es el del olvido, un proceso natural que afecta a todos. Si no practicamos algo con frecuencia, lo olvidamos. Para contrarrestar esto, el sobreaprendizaje insiste en la práctica extensa y repetida. Esto es clave, especialmente en áreas que requieren un recuerdo preciso y rápido, como el aprendizaje de un nuevo idioma. No basta con memorizar las conjugaciones verbales; es necesario practicarlas hasta que se vuelvan casi instintivas, hasta el punto en que el error sea prácticamente imposible.
Esta idea nos recuerda que la práctica no es simplemente para aprender, sino para retener. Y, aunque parezca evidente, en el contexto de la educación moderna, donde la inmediatez y la rapidez parecen ser prioridades, es una lección que no deberíamos olvidar. No hay atajos ni sustitutos para la práctica prolongada. En un mundo que premia la novedad, el sobreaprendizaje nos invita a valorar la profundidad y el dominio real sobre el conocimiento superficial.
Una de las propuestas más interesantes que plantea Willingham es que no debemos practicar solo hasta que el estudiante «lo haga bien», sino hasta que sea incapaz de hacerlo mal. Esta distinción es crucial. En la educación, a menudo celebramos cuando un estudiante consigue resolver un problema o recuerda un dato con éxito. Pero el verdadero aprendizaje, el que perdura y el que permite a una persona aplicar sus conocimientos en situaciones nuevas o inesperadas, es aquel que se ha practicado tanto que ya no requiere un esfuerzo consciente.
Para ilustrar esto, podemos pensar en el ejemplo del aprendizaje de un instrumento musical. Un pianista no llega a dominar una pieza compleja simplemente tocándola correctamente una vez. Debe tocarla tantas veces que sus dedos se muevan por las teclas casi sin pensar. Solo entonces está realmente listo para interpretar la pieza con emoción, creatividad y fluidez. En el ámbito académico, ocurre lo mismo: una vez que los conocimientos básicos han sido automatizados, el estudiante tiene el espacio mental necesario para abordar tareas más complejas y creativas.
En un mundo donde la educación parece buscar la innovación constante, el overlearning nos recuerda que a veces lo más efectivo no es nuevo, sino lo que ha sido olvidado o dejado de lado. Practicar hasta la automatización puede parecer un enfoque tradicional o anticuado en comparación con las nuevas metodologías educativas, pero su eficacia está respaldada tanto por la ciencia cognitiva como por la experiencia práctica. Y, más allá de las modas educativas, lo que realmente necesitamos es un aprendizaje que no solo sea significativo, sino que también sea duradero.
Es en este equilibrio entre la selección cuidadosa del contenido, la práctica extensa y la resistencia al olvido donde reside la verdadera clave del aprendizaje duradero. Al final del día, el objetivo no es acumular información, sino dominar el conocimiento que será más útil a lo largo de la vida.
domingo, 29 de septiembre de 2024
Sanewashing or not sanewashing, that is the question
El «sanewashing» es el acto de presentar declaraciones radicales y escandalosas de una manera que las hace parecer normales. Los periodistas no solo pueden, sino que deben evitarlo, en aras de no convertir sus medios en meros soportes de propaganda al servicio de lo que suelen ser personajes antisistema.
Casi cada vez que ciertos políticos hablan, ya sea en una
entrevista, un debate o un mitin de campaña, perpetúan mentiras, hacen
afirmaciones ofensivas y siembran tanto el asombro como el miedo.
Se ha hablado mucho sobre cómo la prensa—quizás de manera deliberada o inadvertida—hace que estos políticos suenen más coherentes y normales. La palabra ingeniosa para describir esto es «sanewashing». Al igual que el «greenwashing» o el «sportswashing», el «sanewashing» es el acto de empaquetar declaraciones radicales y escandalosas de una manera que las hace parecer normales. Los críticos acusan a muchos en el periodismo de hacer exactamente eso.
Pero hay más explicaciones. El periodismo trata de dar sentido a las cosas, así que, por supuesto, los periodistas quieren ayudar a la gente a entender lo que estos políticos están tratando de decir. La información tiende a centrarse en ofrecer a las personas información útil, no en reproducir divagaciones incoherentes. Con demasiada frecuencia, las historias políticas carecen de un enfoque claro. A veces intentan abarcar demasiado o simplemente embaucar a la audiencia. Pero las historias que establecen un propósito definido tienden a utilizar las citas de los políticos de maneras que capturan con precisión su discurso.
Para evitar blanquear inapropiadamente una declaración
de cualquier político, los periodistas deben elaborar sus historias de manera intencional, seleccionar sus citas e identificar qué valor aporta la
historia a la audiencia.
A continuación, se presentan algunas soluciones, con
ejemplos, que demuestran cómo los periodistas han utilizado citas de políticos
que transmiten con precisión la naturaleza confusa o alarmante de sus
declaraciones.
Dejar que las citas hablen por sí mismas
Los periodistas tienen el impulso de facilitar las cosas a los consumidores de noticias. Eso está bien cuando se traduce la jerga económica de un presidente del banco central porque es realmente útil. Pero es un error intentar dar sentido donde no lo hay.
Imaginemos un reportaje cuyo propósito es claro: contrastar las propuestas de diferentes políticos sobre soluciones a las dificultades económicas que enfrentan las familias, como el cuidado infantil. Para lograrlo, el periodista revisa discursos de varios candidatos y sus compañeros de fórmula. Encuentra material sólido de algunos candidatos y detalla sus propuestas. Sin embargo, al analizar las declaraciones de otro político, el reportaje señala que este divaga y es ilógico cuando habla sobre aliviar la carga del cuidado infantil en las familias. A mitad de la historia, el periodista transcribe una extensa cita directa que el político pronunció en respuesta a una pregunta específica sobre sus planes legislativos para abordar el problema.
El medio pidió a la campaña una aclaración y no obtuvo respuesta. No hay manera de dar sentido a lo que el político está diciendo; es verdaderamente incomprensible. Inteligentemente, el periodista ni siquiera lo intenta. Esa es la genialidad: el reportero le dice al lector que la respuesta del político fue una divagación y luego muestra precisamente lo que dijo. Si el político mencionó, por ejemplo, su plan de implementar aranceles como parte de la solución, el periodista podría seguir la cita con contexto adicional, señalando que expertos de diferentes perspectivas políticas estiman que tales aranceles costarían a las familias una suma significativa al año.
Señalar las mentiras y el propósito que sirven
Cuando un político miente o distorsiona información repetidamente, el instinto periodístico es aclarar los hechos, lo cual es útil para quienes buscan la verdad. Por ejemplo, si en un debate un político afirma que ciertos inmigrantes están cometiendo actos atroces en una ciudad específica, muchos periodistas, incluidos los moderadores, proporcionarán una verificación de hechos que refute esa afirmación. Además de aclarar la verdad, otro propósito periodístico es exponer el objetivo detrás de la mentira. Un medio podría publicar una historia explicando la historia de ese tropo o estereotipo.
Es posible ir aún más lejos y analizar cómo el político
llegó al punto de hacer esa afirmación ridícula. Si el moderador le preguntó
por qué bloqueó un proyecto de ley sobre seguridad en la gestión de la inmigración, y
el político respondió con una serie de declaraciones desconectadas que
culminaron en una acusación infundada, el periodista puede destacar esta
táctica evasiva.
No solo la afirmación es falsa, sino que se utiliza para
categorizar a ciertos grupos como una amenaza para una forma de vida más
segura. Es relevante recordar a los lectores que el político recurrió a este
tropo ofensivo en lugar de explicar sus acciones legislativas.
Exponer la conspiración y su audiencia objetivo
Casi todo lo que dice un político está diseñado para resonar
con una audiencia específica. Estos mensajes en clave pueden ser muy sutiles y,
con algunos candidatos, el mensaje evoluciona con el tiempo.
Supongamos que un columnista desmenuza una teoría económica
poco conocida que un político ha estado promoviendo. El columnista, con
experiencia reconocida en el campo, no necesita otros expertos para explicar el
absurdo de las afirmaciones del político sobre cómo ciertos países están
tratando de dañar a su nación al abandonar su moneda en sus reservas.
Le lleva una columna entera planear su argumento porque debe explicar cómo funciona el sistema de moneda de reserva. Comienza citando extensamente al político en un mitin—una cita que inicia con una afirmación falsa sobre la criminalidad y culmina con la promesa de obligar a otros países a mantener reservas en su moneda nacional. Para el economista aficionado, que podría sentirse atraído por el argumento, el columnista explica que el político está confundiendo varios conceptos, ninguno de los cuales parece comprender.
Esta columna en particular no es para todo el mundo, pero
está ahí para quienes desean más información.
Identificar el propósito periodístico
Estas técnicas de selección de citas funcionan para todos
los políticos. La forma más sencilla para que los periodistas eviten promover
la agenda de un político al informar es identificar explícitamente qué valor
obtendrá la audiencia al escuchar la cita y compartir esa razón con ellos.
Si un periodista incluye una cita extensa para mostrar cuán ofensiva fue una declaración, debe comunicarlo claramente. Si están documentando una falta de coherencia mental, deben expresarlo. Cuando desean verificar los hechos de un candidato, deben informar a la audiencia que están aclarando la verdad. Y si pretenden exponer un mensaje oculto o lenguaje codificado, deben desglosar el tropo y documentar su historia y uso.
El peor hábito es que los periodistas incluyan citas como
relleno, sin ningún propósito periodístico. En el mejor de los casos, hace
perder el tiempo de la audiencia; en el peor, confiere legitimidad y dificulta
la rendición de cuentas.
Buscando una conclusión a todo lo anterior, es esencial que los periodistas adopten un enfoque crítico y deliberado al informar sobre políticos que emiten declaraciones radicales o confusas. Evitar el «sanewashing» no solo protege la integridad de la información, sino que también garantiza que el público reciba una representación fiel de los hechos. Al destacar la naturaleza real de estas declaraciones y proporcionar el contexto necesario, los medios pueden fomentar una sociedad mejor informada y promover un discurso público más saludable y responsable.
domingo, 22 de septiembre de 2024
Human writing versus fifth-rate food
Human writing has always been a reflection of individual experience, emotion and creativity. Faced with the rise of language models such as LLMs, this intimate connection between writer and reader is diluted. These models, however sophisticated, produce texts that work well in terms of structure and coherence, but lack the nuance of the unique perspective of the one who lives, observes and feels.
Comparing this to cuisine is revealing. Think of the restaurants that offer fifth-rate food, where the dishes are pre-prepared and only reheated before being served, with a finishing touch that gives them an illusion of freshness. They do the job: they are fast, efficient, standardised. But they lack the soul of a signature cuisine, where every ingredient is selected with care, every technique is applied with passion and the chef's expertise is felt in every mouthful.
Similarly, LLM-generated texts are like those pre-made dishes: they are correct, coherent and well presented, but they rarely surprise, excite or truly challenge. Human writing has the capacity to offer unpredictable nuances, brilliant mistakes, unexpected twists that break with expectation and routine. Originality lies not just in the content, but in the way the words are woven together, in how an author can make you see the world from a new angle, something no machine, no matter how powerful, can fully replicate.
Just as many prefer a dish cooked on the spot, with the imperfections and variations that make it unique, the reader in search of depth turns to the human pen, which remains irreplaceable when it comes to exploring what is most genuine in the human experience.
domingo, 25 de agosto de 2024
Sempiterno Ulises
Somebody must change.
You are the reason I've been waiting so long.
Somebody holds the key.
But I'm near the end and I just ain't got the time
And I'm wasted and I can't find my way home.
Come down on your own and leave your body alone.
Somebody must change.
You are the reason I've been waiting all these years.
Somebody holds the key.
But I can't find my way home.
But I can't find my way home.
But I can't find my way home.
But I can't find my way home.
Still I can't find my way home,
And I ain't done nothing wrong,
But I can't find my way home.
Songwriter: Steve Winwood
domingo, 18 de agosto de 2024
Del cinismo como cobardía o improductiva desidia
El músico Nick Cave estuvo en The Late Show with Stephen Colbert a principios de esta semana del 12 de agosto de 2024 y leyó una carta de su Red Hand Files, un proyecto AMA en el que los fans escriben con preguntas y él las responde. La pregunta era:
«Tras los últimos años me siento vacío y más cínico que nunca. Estoy perdiendo la fe en los demás y tengo miedo de transmitir estos sentimientos a mi hijo pequeño. ¿Todavía cree en nosotros (los seres humanos)?»
En una preciosa carta de respuesta, Cave escribe que «gran parte de mis primeros años de vida los pasé despreciando al mundo y a las personas que lo habitan» y que «fue necesaria una tragedia para comprender la idea del valor mortal, y fue necesaria una devastadora situación para encontrar la esperanza». Esa devastación fue la muerte de su hijo de 15 años en 2015. A continuación, el contenido íntegro de la respuesta de Cave:
Querido Valerio:
Tienes razón al preocuparte por tus crecientes sentimientos de cinismo y debes tomar medidas para protegerte a ti mismo y a los que te rodean, especialmente a tu hijo. El cinismo no es una postura neutral, y aunque no nos pide casi nada, es muy contagioso e increíblemente destructivo. En mi opinión, es el más común y fácil de los males.
Lo sé porque gran parte de mis primeros años de vida los pasé despreciando al mundo y a las personas que lo habitan. Era una postura a la vez seductora e indulgente. La verdad es que era joven y no tenía ni idea de lo que me esperaba. Me faltaban los conocimientos, la previsión, la autoconciencia. Simplemente no lo sabía. Fue necesaria una catástrofe para enseñarme el valor de la vida y la bondad esencial de las personas. Hizo falta una devastadora situación para revelar la precariedad del mundo, de su propia alma, para comprender que pedía ayuda a gritos. Fue necesaria una gran desgracia para comprender la idea del valor mortal, y fue necesaria una tragedia para encontrar la esperanza.
A diferencia del cinismo, la esperanza se gana con esfuerzo, nos impone exigencias y a menudo puede parecer el lugar más indefendible y solitario de la Tierra. La esperanza tampoco es una posición neutral. Es contradictoria. Es la emoción beligerante que puede acabar con el cinismo. Cada acto redentor o amoroso, por pequeño que sea, Valerio, como leer a tu hijo pequeño, o enseñarle algo que te guste, o cantarle una canción, o ponerle los zapatos, mantiene al diablo en el fondo del abismo. Dice que el mundo y sus habitantes tienen valor y que merece la pena defenderlos. Dice que merece la pena creer en el mundo. Con el tiempo, llegamos a descubrir que es así.
Con amor, Nick
Original:
Dear Valerio,
You are right to be worried about your growing feelings of cynicism and you need to take action to protect yourself and those around you, especially your child. Cynicism is not a neutral position — and although it asks almost nothing of us, it is highly infectious and unbelievably destructive. In my view, it is the most common and easy of evils.
I know this because much of my early life was spent holding the world and the people in it in contempt. It was a position both seductive and indulgent. The truth is, I was young and had no idea what was coming down the line. I lacked the knowledge, the foresight, the self-awareness. I just didn’t know. It took a devastation to teach me the preciousness of life and the essential goodness of people. It took a devastation to reveal the precariousness of the world, of its very soul, to understand that it was crying out for help. It took a devastation to understand the idea of mortal value, and it took a devastation to find hope.
Unlike cynicism, hopefulness is hard-earned, makes demands upon us, and can often feel like the most indefensible and lonely place on Earth. Hopefulness is not a neutral position either. It is adversarial. It is the warrior emotion that can lay waste to cynicism. Each redemptive or loving act, as small as you like, Valerio, such as reading to your little boy, or showing him a thing you love, or singing him a song, or putting on his shoes, keeps the devil down in the hole. It says the world and its inhabitants have value and are worth defending. It says the world is worth believing in. In time, we come to find that it is so.
Love, Nick
domingo, 11 de agosto de 2024
Nihilismo si no hay algo mejor...
Esta entrevista a Sara Barquinero ofrece una mirada profunda
y reveladora sobre su novela «Los Escorpiones», un libro que aborda
preocupaciones tanto generacionales como universales. Barquinero explica que
temas como la depresión, tratados de manera extensa y explícita, han sido clave
para conectar con un público amplio. La trama de intriga complementa estos
temas, haciendo de la novela una lectura fascinante.
Uno de los pilares de la novela pasa por la reflexión sobre
en qué creen las personas ahora que «Dios ha muerto». Barquinero
responde con realidades desoladoras como teorías conspirativas, videojuegos que
inducen al suicidio, drogas auditivas y aislamiento social. La novela nació en
un momento vital en el que la autora atravesaba una etapa de profunda tristeza.
Escribirla le permitió explorar esos sentimientos desde una perspectiva
distinta, lo que, aunque no lo define como terapia, tuvo un efecto catártico
para ella.
Barquinero también aborda el nihilismo y cómo, al tocar
fondo, una persona tiene varias opciones: recrearse en el nihilismo, adoptar un
nuevo relato o valorar las opciones de la vida. Ella elige la última, lo que
refleja un enfoque esperanzador a pesar del tono oscuro de su obra.
Los personajes de «Los Escorpiones» son jóvenes
con síndrome de burnout, atrapados en el pasado y sin un futuro claro,
reflejando una generación que ha vivido la crisis del 2008 y enfrenta una falta
de perspectivas. Sin embargo, Barquinero reconoce que estas preocupaciones no
son exclusivas de su generación, sino que resultan comunes con muchos otros.
La crudeza de algunos capítulos, según la autora, es
producto tanto de documentación como de experiencias personales. Confiesa haber
probado «música droga» en su adolescencia, lo que añade autenticidad
a sus descripciones.
Barquinero mezcla influencias diversas en su obra, desde
Kant y Foster Wallace hasta Chenoa y Bad Bunny. Su tesis doctoral sobre Kant le
ha brindado una comprensión profunda de cuestiones filosóficas, lo que se
refleja en la complejidad de su narrativa. Su admiración por Foster Wallace es
evidente, y su obra «La broma infinita» ha sido una inspiración
directa, de la que “Los escorpiones” podría considerarse una especia de continuación.
La autora sostiene que el ser humano contemporáneo, a pesar
de su descreimiento y materialismo, necesita creer en algo. Esta necesidad es
racional y se manifiesta en diferentes formas, desde actos de fe cotidianos
hasta creencias más estructuradas. Barquinero misma no tiene la certeza de que
la vida merezca la pena, pero prefiere fingir que lo cree, un enfoque
pragmático que le permite seguir adelante.
La comparación de su trabajo con el de Thomas Pynchon y la
atmósfera cinematográfica de directores como David Lynch y Lars Von Trier
destaca la riqueza de sus influencias. Aunque su escritura es espontánea y
trabajada, ella misma reconoce que adopta un tono más complicado solo cuando el
texto lo requiere, buscando siempre la coherencia con el contenido.
Sara Barquinero se describe como ambiciosa, perfeccionista y
trabajadora, pero también como una neurótica de manual. La entrevista revela su
proceso creativo, sus influencias y su visión del mundo, ofreciendo una
comprensión más profunda de la autora detrás de «Los Escorpiones». Su
honestidad y profundidad hacen que esta entrevista sea una lectura fascinante y
enriquecedora.
domingo, 4 de agosto de 2024
¿Existe la sabiduría infinita? Respuesta corta: no, ¿pero a quién le importa?
¿Alguna vez te has encontrado con alguien que parece saberlo todo? Esas personas que siempre tienen la respuesta a cualquier pregunta no es que sean superhumanos, sino que reúnen las habilidades precisas que les proporcionan esa apariencia. Dicho de una manera muy resumida, se basan en saber reconocer muy bien patrones, usar el sentido común de manera amplia y tener una memoria que almacena de una forma muy eficiente datos al azar. Veamos cómo funciona esto.
Imagina que estás jugando unas partidas de cartas y siempre las ganas porque sabes qué cartas van a salir. Eso es saber reconocer patrones; es la habilidad de ver regularidades en las cosas que nos rodean y suceden a nuestro alrededor. La gente que parece saberlo todo es destacadamente buena en esto. Pueden correlacionar información de forma rápida y eficiente, aprovechando lo que ya saben para deducir cosas nuevas.
Junto a esto, suman un amplio sentido común, que es como ese consejo que te da tu abuela y que siempre resulta ser cierto. Se trata de aplicar lo que sabes de la vida diaria a los problemas a los que te vas enfrentando. Los individuos que tienen siempre la respuesta correcta, saben cómo aplicar este conocimiento práctico para resolver cualquier situación. No es magia, es experiencia y lógica.
Por último, la memoria incidental es esa que te lleva a recordar cosas sin querer, como cuando alguien menciona una canción y recuerdas toda la letra, aunque no la hayas escuchado en años. Quienes parecen saberlo todo tienen una memoria increíble para esos pequeños detalles. Pueden recordar datos aleatorios que, de alguna manera, siempre terminan siendo útiles en infinidad de circunstancias, creando asociaciones inmediatas entre la experiencia del momento y su variopinto almacén de recuerdos.
Cuando juntas estas tres habilidades, reconocer patrones, sentido común y buena memoria, tienes a alguien que parece saberlo todo. Esta gente procesa información de manera superrápida y eficiente. Responden preguntas con confianza y parecen tener la respuesta para todo. No hablamos de un conocimiento profundo, pero sí de uno de alcance muy amplio y general a disposición inmediata de las circunstancias.
Además, importa, y mucho, la forma en que se comunican. Si alguien explica bien las cosas y lo hace con seguridad, los demás tienden a pensar que sabe mucho más de lo que realmente sabe. La percepción de los demás, influenciada por cómo se presenta la persona y el contexto, refuerza esta idea de que son «sabios».
En resumidas cuentas, la razón por la que algunas personas parecen saberlo todo no es porque realmente lo sepan todo, sino porque son muy buenos en reconocer patrones, aplicar el sentido común y recordar de forma instantánea detalles al azar. Estas habilidades les permiten procesar y usar información de manera muy efectiva, creando la impresión de que tienen un conocimiento muy profundo y variopinto. Como decía antes, entender la existencia de esta combinación de factores nos ayuda a ver que no es magia, sino habilidades humanas bien desarrolladas y aplicadas.
domingo, 28 de julio de 2024
El auge del tecno feudalismo: una lectura para reflexionar en fin de semana
En esta entrevista con David Moscrop, Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas de Grecia, explora su teoría sobre el tecno feudalismo, un concepto que sugiere que el capitalismo ha mutado en algo aún más inquietante. Varoufakis argumenta que hemos pasado del capitalismo tradicional a un nuevo sistema caracterizado por rasgos feudales, donde los capitalistas dependen más del poder político y las rentas que de los mecanismos convencionales del mercado.
Varoufakis sostiene que las contradicciones internas del
capitalismo no condujeron a la liberación de la humanidad, como preveía Marx,
sino a una victoria total de la burguesía. Tras la caída del sindicalismo y la
clase obrera organizada, el capitalismo evolucionó hacia lo que Varoufakis
llama «capital-nube», un término que describe un sistema donde los
mercados han sido reemplazados por feudos digitales. En este nuevo orden, tanto
los proletarios como los burgueses producen rentas para los capitalistas de la
nube.
El capital-nube ha cambiado fundamentalmente la estructura
del poder. A diferencia de los antiguos monopolistas como Henry Ford, los
capitalistas de la nube ni siquiera se molestan en producir bienes. Han creado
un feudo digital donde el mercado ya no es el motor central del capitalismo.
Varoufakis argumenta que esto representa una ruptura radical con el capitalismo
tradicional, marcando el inicio de una era donde las plataformas digitales
dominan la economía.
Según Varoufakis, los «siervos de la nube» y los
«proletarios de la nube» son las nuevas clases surgidas en el tecno feudalismo. Estos siervos modernos producen capital a través de su
interacción gratuita con las plataformas digitales, algo sin precedentes en la
historia del capitalismo. Este sistema parasitario, que aún depende del sector
capitalista clásico para producir valor, está haciendo nuestras sociedades más
conflictivas y menos capaces de albergar valores como la socialdemocracia y la
libertad individual.
En su análisis, Varoufakis destaca que el sueño de todo
capitalista es convertirse en rentista, viviendo de las rentas en lugar de los
beneficios. Sin embargo, la llegada del capital-nube ha llevado esto a un
extremo, con figuras como Jeff Bezos y Elon Musk entusiasmados con su rol de
«capitalistas de la nube». Esta nueva forma de poder es
extremadamente concentrada y poderosa, y debe ser tomada muy en serio por la
sociedad.
Varoufakis menciona que la relación entre el tecno feudalismo y el capitalismo clásico es parasitaria, similar a cómo el capitalismo
necesitaba al feudalismo para su suministro de alimentos. Esta dependencia hace
que el sistema sea más inestable y propenso a crisis. Además, Varoufakis
propone ideas como un sistema de billetera virtual del banco central con
dividendos mensuales, que podría proporcionar una renta básica universal y
desafiar el monopolio de Wall Street sobre los sistemas de pago.
El análisis de Varoufakis sobre el tecno feudalismo invita a
reflexionar sobre cómo este nuevo sistema amenaza los valores de libertad,
igualdad y justicia social. El reto es enorme, pero también lo es la
oportunidad de reimaginar y reconstruir nuestras sociedades para enfrentar esta
transformación radical. La lucha por un futuro más justo y equitativo debe
continuar, ahora más que nunca, en un mundo que se transforma rápidamente.
domingo, 21 de julio de 2024
马希文 (Mǎ Xīwén), mi nombre en mandarín
Hace ya unos años, una querida amiga, Tònia, sinóloga de raíces mallorquinas, y una empleada suya, Shangqi, originaria de Guangzhou, me hicieron un regalo por mi cumpleaños que no pudo llenarme más de gozo. Me regalaron mi nombre en mandarín, junto con su representación caligráfica tradicional.
Este es su significado:
El nombre 马希文 (Mǎ Xīwén) posee una riqueza profunda, donde cada carácter despliega una capa simbólica y cultural.
马 (Mǎ), literalmente «caballo», encierra en su sencillez simbólica una fuerza dinámica, nobleza y un impulso imparable hacia delante. En la cultura china, el caballo es signo de vitalidad, libertad y avance. Representa también la perseverancia frente a los obstáculos; no en vano existe el proverbio chino «千里马» (qiān lǐ mǎ), que se refiere a alguien de excepcional talento y resistencia capaz de recorrer grandes distancias, metafóricamente aludiendo al potencial humano ilimitado.
希 (Xī), cuyo significado central es «esperanza», lleva implícita una luz que rompe la oscuridad, un anhelo constante por algo mejor. «希» es la esencia misma del optimismo humano, la aspiración a alcanzar algo mayor que la circunstancia presente. Este carácter sugiere también rareza, singularidad, y por ende, alude a una persona que destaca del común por su capacidad para sostener ideales elevados en situaciones complejas.
文 (Wén), es un concepto amplio que abarca la literatura, la cultura, la civilización y el conocimiento. Simboliza la elegancia intelectual, el refinamiento moral, la educación y la sofisticación espiritual. El carácter «文» implica equilibrio, sutileza y belleza en la expresión escrita y hablada, evocando la imagen clásica del sabio chino que se expresa con mesura y profundidad, ofreciendo sabiduría y calma en tiempos turbulentos.
Juntos, 马希文 (Mǎ Xīwén) forma un nombre de resonancias profundas: una persona que combina la fortaleza y el empuje del caballo (马), con la esperanza y singularidad de los grandes soñadores (希), y la cultura refinada y el intelecto iluminado del sabio (文). Este nombre no solo denota el equilibrio entre fuerza física, espíritu optimista e intelecto cultivado, sino que también sugiere una trayectoria vital marcada por la determinación, la búsqueda de significado existencial y una profunda conexión con la tradición cultural e intelectual.
domingo, 14 de julio de 2024
Cálmate: tu teléfono no está escuchando tus conversaciones. sólo está rastreando todo lo que tecleas, cada aplicación que utilizas, cada sitio web que visitas y cualquier lugar del mundo físico al que vayas
Artículo original de JONATHAN ZELLER.
Una experiencia universal de la vida moderna es hablar de algo e inmediatamente después ver un anuncio que parece que debe ser el resultado de esa conversación. Quizá le digas a alguien que estás planeando unas vacaciones y empieces a ver anuncios de vuelos y hoteles. Tal vez hables de que quieres empezar a correr y te veas bombardeado por anuncios de zapatillas deportivas. Tal vez hables de lo duro que es estar soltero y veas una serie de publicaciones patrocinadas sobre aplicaciones de citas. Cuando esto ocurre, puedes sospechar que tu teléfono esté “escuchando tus conversaciones”.
Esta creencia es falsa y paranoica. No vivimos en una distopía tecnológica en la que nuestros teléfonos inteligentes utilizan clandestinamente sus micrófonos para captar cada palabra que decimos y luego alimentarnos con mensajes publicitarios basados en ellas. La verdad es más sencilla y nada alarmante: tu teléfono sólo parece escucharte porque está recopilando datos sobre cada palabra que tecleas, cada sitio web que visitas y, mediante el seguimiento por GPS, todos los lugares del mundo físico a los que vas.
“No es sólo que confíe en la imaginación de Sam Sax. Creo sinceramente que la libertad creativa de Sam libera el potencial de nuestra liberación”. - Saeed Jones
La histérica muchedumbre del sombrerito de hojalata te insta a apagar el teléfono siempre que vayas a hablar de algo privado -como tus opiniones políticas, creencias religiosas o afecciones médicas-, como si el teléfono fuera a “oírlas” de algún modo y las empresas tecnológicas fueran a utilizar esa información contra ti. En realidad, ya saben todas esas cosas sobre ti porque saben qué fuentes de noticias lees, el contenido de tus correos electrónicos, qué páginas de WebMD* has visitado y cuánto tiempo has pasado en qué iglesia, sinagoga, mezquita o centro humanista ético. Así que ni te preocupes. No es que haya hackeos todos los días, y cada vez habrá más a medida que pase el tiempo, y algún loco amoral de la web oscura acabará viendo una transcripción de cada conversación en persona que hayas tenido. Estarán demasiado ocupados mirando una lista de con quién has hablado, a qué hora y durante cuántos segundos.
Además, no necesitas utilizar un teléfono ni siquiera un ordenador para que invadan tu intimidad. ¿Sabías que las empresas de tarjetas de crédito pueden vender legalmente datos sobre tus compras a terceros? Es cierto. Y apuesto a que, si decides intentar eludir eso comprando exclusivamente con dinero físico, probablemente tu banco te señalará como una especie de bicho raro que saca demasiado dinero en efectivo y debe estar tramando algo turbio. Es mejor rendirse. No dudes en tener una conversación en persona con tu amigo más preocupado por la privacidad sobre lo inútil que es resistirse. Su iPhone o Android no lo captarán y, sinceramente, como si lo que dices fuera tan interesante. Sé realista, amigo mío. A nadie le importas.
Nuestra avanzada tecnología de la información tiene muchas ventajas, muchas de las cuales proceden de la personalización que obtienes cuando las empresas conocen tus preferencias. No puedes cambiar el mundo en que vivimos, así que lo mejor que puedes hacer es relajarte y disfrutar de lo bueno del siglo XXI. Y aunque pueda resultar inquietante enfrentarte a aquellos aspectos más oscuros de ti que atesoran las empresas, al menos puedes consolarte con el hecho de que tus conversaciones de voz a voz siguen siendo inviolables y, por muy extraños que parezcan los anuncios que te ponen, tu teléfono no te está espiando.
Por cierto, acaba de producirse una actualización de software, y ahora tu teléfono escucha tus conversaciones.
* WebMD es una empresa estadounidense que publica noticias e información en internet sobre salud y bienestar.
domingo, 16 de junio de 2024
Susan Solomon: “Sanar la tierra es posible”
Susan Solomon es una destacada científica atmosférica estadounidense, reconocida internacionalmente por sus contribuciones significativas a la comprensión del cambio climático y la protección ambiental. Nacida el 19 de enero de 1956 en Chicago, Illinois, Solomon ha dedicado su carrera a la investigación y la enseñanza en el campo de la química atmosférica.
Después de obtener su doctorado en Química en la Universidad
de California, Berkeley, Solomon se unió a la Administración Nacional Oceánica
y Atmosférica (NOAA). Entre 2002 y 2008, Solomon fue copresidenta del Grupo de
Trabajo I del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de las
Naciones Unidas, donde jugó un papel clave en la evaluación científica del
cambio climático. En 2008, la revista Time la nombró una de las 100 personas
más influyentes del mundo por su impacto en la política ambiental global.
Actualmente, Solomon es profesora en el Instituto de
Tecnología de Massachusetts (MIT), donde continúa su investigación y enseñanza.
Su libro más reciente, “Solvable:How We Healed the Earth, and How We Can Do It Again”, destaca historias de éxito en la lucha contra problemas ambientales y
ofrece una visión optimista sobre la capacidad de la humanidad para abordar el
cambio climático.
A lo largo de su carrera, Solomon ha sido galardonada con
numerosos premios y reconocimientos, incluyendo la Medalla Nacional de Ciencia
de Estados Unidos y la elección a la Academia Nacional de Ciencias. Su
dedicación y liderazgo continúan inspirando a la próxima generación de
científicos y activistas ambientales.
En una época de “eco-catastrofismo” generalizado, Susan
Solomon argumenta que es demasiado fácil “regodearse en nuestra miseria y en lo
terrible que es todo... Pero 'todo está perdido' es exactamente lo contrario de
donde necesitamos estar”.
Su optimismo se remonta a una “gran aventura científica” al inicio de su carrera. En 1985, el British Antarctic Survey reveló un agujero inesperado en la capa de ozono. Aunque Solomon se describe como una “fervorosa protectora del planeta”, inicialmente se sintió fascinada por el desafío intelectual de usar modelos computacionales para estudiar la estratosfera.
En 1986, a los 30 años, se convirtió en la científica líder
de un equipo que pasó dos meses en la Antártida. Su investigación confirmó que
los clorofluorocarbonos (CFCs), usados en desodorantes y refrigeradores, eran
los responsables del agujero de ozono. Su trabajo fue crucial para el Protocolo de Montreal de 1987, considerado el mayor éxito ambiental
internacional.
Solomon señala que la protección ambiental ha avanzado incluso bajo presidencias en EE. UU. comprometidas con la desregulación, y ha sido posible superar la resistencia de poderosas industrias. La presión pública, a menudo desde fuentes inesperadas, ha sido fundamental.
Aunque las comisiones de investigación políticas pueden generar un debate abierto entre diferentes expertos, Solomon considera que los procesos formales de evaluación científica son más efectivos, ya que proporcionan una base precisa de hechos para los negociadores que han de equilibrar la protección medioambiental con las necesidades de la economía.
Solomon explica que para que el público se involucre en una amenaza ambiental, esta debe sentirse personal y perceptible, y deben existir alternativas prácticas. Ejemplos como el agujero en la capa de ozono y los residuos de DDT en la leche materna han movilizado a la gente.
“Solvable: How We Healed the Earth, and How We Can Do It Again” concluye con una anécdota sobre la aprobación del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC en 2007, donde un debate sobre la traducción de “el calentamiento es inequívoco” fue rápidamente resuelto por los delegados franceses y españoles.
Solomon sigue siendo optimista porque el cambio climático se ha vuelto personal y perceptible, como lo demuestran los incendios cerca de su casa en las Montañas Rocosas de Colorado. Aunque los ataques a los científicos continúan, ahora se centran más en las tecnologías y políticas, lo cual ella considera un avance. Está segura de que estamos progresando, ya que ahora es más barato construir y operar plantas de energía renovable que plantas de carbón, petróleo o gas. Aunque los desafíos persisten, espera que una nueva generación abrace estos desafíos con pasión.
“Estamos en un mundo lleno de cambios,” comenta. “Es un
momento perfecto para ser científico del clima y estudiar estas cosas. Cada dos
o tres años, algo nuevo surge y la gente dice: 'Oye, no entendemos esto'.
Escoge un tema que realmente importe para el planeta y encuentra una manera de
investigarlo. Será un viaje salvaje y emocionante y el mundo te necesita para
hacerlo.”
Basado en: https://www.timeshighereducation.com/depth/susan-solomon-healing-earth-possible
domingo, 2 de junio de 2024
La evolución de los valores: de la juventud idealista a la madurez equilibrada (para quien la alcanza)
Somos lo que hemos vivido y por ello, la madurez trae consigo una reorganización profunda de los valores, tanto personales como sociales, en comparación con los que se mantienen en la primera juventud. Este proceso de evolución no es lineal, sino que se manifiesta en un vaivén de introspección, aprendizaje y experiencias que nos dejan huella. Para comprender mejor este fenómeno, debemos desglosar los aspectos que guían esta transformación y cómo se reflejan en nuestra vida diaria y en la sociedad.
En la juventud, cuando todo es nuevo y desconocido, los valores suelen ser idealistas y absolutos. La búsqueda de la autenticidad, la libertad y la justicia predomina en esta fase del pensamiento. Los jóvenes tienden a ver el mundo en términos de blanco y negro, buscando cambios radicales y soluciones rápidas a problemas complejos. Esta etapa de la vida está marcada por un fervor casi revolucionario, donde el espíritu es audaz y la pasión refulge en llamas. En esta etapa, el deseo de romper con las convenciones y establecer nuevas normas tiene un gran peso entre los más inconformistas. Los jóvenes tienden a impulsar cambios sociales, cuestionando el statu quo y proponiendo nuevas formas de pensar y vivir, aunque, paradójicamente, en no pocas ocasiones todo termina cambiando sin que nada cambie realmente.
Con el tiempo y la experiencia, estos valores comienzan a moldearse y, en bastantes casos, a moderarse. La madurez trae consigo una comprensión más profunda de la complejidad del mundo y de las relaciones humanas, aunque a esta le acompaña el riesgo de caer en el conformismo y la asunción de la derrota. El idealismo juvenil se matiza con una dosis de realismo, una aceptación de las imperfecciones y las contradicciones de la vida. Tal y como expresó el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su obra Más allá del bien y del mal, «La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño». Este retorno no implica un retroceso, sino una integración de la seriedad y la responsabilidad con la creatividad y la pasión juvenil. La madurez nos enseña a ver el mundo con una mirada más equilibrada, donde los sueños y las aspiraciones se combinan con una comprensión práctica de las limitaciones y las posibilidades, encontrando un punto de equilibrio dinámico a la medida de cada persona.
En el ámbito personal, y siempre que nos referimos a personas con una personalidad equilibrada y bien cohesionada, esta evolución de los valores se traduce en una mayor empatía y comprensión hacia los demás. Las experiencias de vida, tanto las positivas como las negativas, enseñan la importancia de la paciencia, la tolerancia y el compromiso. La madurez nos hace más conscientes de nuestras limitaciones y nos brinda la sabiduría para discernir entre lo que se puede cambiar y lo que debe ser aceptado. En el siglo XIX, el filósofo existencialista danés Søren Kierkegaard lo expresó de la siguiente manera en su obra «Diario de un seductor»: «La vida solo puede ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia delante». Este entendimiento retrospectivo nos permite enfrentar el futuro con una visión más clara y un corazón más abierto.
Socialmente, los valores también sufren una transformación significativa. En la juventud, el entorno de nuestros pares y las tendencias culturales juegan un papel crucial en la formación de valores. Sin embargo, a medida que maduramos, nuestras interacciones sociales se amplían y diversifican. Muchos, empezamos a valorar más la estabilidad, la seguridad y el bienestar colectivo. Este cambio refleja un desplazamiento de un enfoque individualista a una perspectiva más comunitaria y global. La filósofa Hannah Arendt destacó la importancia de la responsabilidad compartida en su obra «La condición humana», argumentando que esta es inherente a la naturaleza de la acción humana, la pluralidad y la interdependencia en la vida comunitaria. Desde esta perspectiva se destaca la necesidad de reconocer y asumir nuestro papel en la red de relaciones que conforman nuestra existencia colectiva, subrayando cómo nuestra capacidad de acción colectiva puede transformar el mundo.
Jean-Jacques Rousseau, en su obra «El contrato social», argumenta que «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado». Esta cita resuena en la transición de la juventud a la madurez, donde las cadenas de la sociedad y las responsabilidades se sienten con mayor fuerza, pero también se entienden y se aceptan como parte del contrato social. La madurez nos lleva a reconocer y respetar estas cadenas, no como limitaciones, sino como estructuras necesarias para la convivencia y la armonía social.
Y llegando al día de hoy, en el primer cuarto del siglo XXI, la tecnología y la globalización han añadido nuevas dimensiones a esta evolución de valores. En un mundo donde cada vez todo sucede de forma más rápida y está interconectado, la empatía y la solidaridad y sus contrarias, se extienden más allá de las fronteras geográficas. La conciencia ambiental y la sostenibilidad han emergido como valores fundamentales en respuesta a los desafíos globales, así como un discurso negacionista de quienes prefieren escuchar mentiras agradables a verdades dolorosas. La filósofa contemporánea Martha Nussbaum ha enfatizado la importancia de la «capacidad de empatía global», destacando cómo nuestra comprensión de la justicia y la equidad debe adaptarse a un contexto mundial interconectado.
Buscando una conclusión ya a esta reflexión, la madurez no es simplemente una cuestión de envejecimiento, sino una transformación integral de nuestra manera de entender y valorar el mundo. Este proceso nos lleva a una comprensión más rica y matizada de la vida, donde los valores de la juventud se integran y se refinan, creando una visión más equilibrada y consciente. Como afirmó el filósofo y psiquiatra alemán Karl Jaspers, «El hombre maduro se encuentra solo, solo en tanto que sabe y quiere». La madurez es, en última instancia, un viaje hacia la autenticidad y la plenitud, una danza continua entre el idealismo de la juventud y el realismo de la experiencia, o como una buena amiga me ha dicho hoy, a transformarnos en «idealistos». Es un proceso dinámico que no solo nos transforma a nivel individual, sino que también moldea la sociedad, impulsándonos hacia el futuro, acabe adoptando este la forma que sea.
Bonus track: It Was A Very Good Year.
domingo, 19 de mayo de 2024
La urgencia de superar la polarización en España - 2024
En los últimos diez años, la polarización política y social en España ha aumentado hasta niveles alarmantes. Más que una dinámica que refleja a la sociedad, la polarización parece ser un mecanismo deliberado por parte de la clase política para mantenerse en el poder. Los partidos tradicionales, en particular PSOE y PP, con la colaboración necesaria de otros oportunistas de nueva creación, han renunciado a su papel de representantes orgánicos de sus bases para convertirse en plataformas electorales centradas en la figura del líder, lo que ha generado más confrontación y desigualdad.
La polarización no surge de manera orgánica de la sociedad,
en lugar de ello, ambos términos son alimentados desde las alturas del poder
político, a su vez apoyado por el económico, que efectivamente lleva las
riendas del sistema. Los partidos necesitan mantener a sus votantes en estado
constante de alerta y reacción, por lo que la creación de bandos antagónicos se
convierte en una táctica perfecta para movilizar y garantizar la fidelidad de
sus acólitos. Los medios de comunicación desempeñan un papel vital en esta
dinámica. En lugar de servir como un contrapunto neutral y un espacio en el que
se pueda argumentar, muchos medios de comunicación españoles informan según los
intereses políticos y fomentan confrontaciones en lugar de apaciguarlas. La
prensa debería actuar en su carácter de guardiana de la verdad y enemiga del
populismo, en cambio, no pocos periódicos hablan de amarillismo e informan
sobre cuestiones sensacionalistas en vez de transformarlo.
Desde luego, la sociedad civil desempeña aquí un papel
fundamental. No hay duda de que se necesitan iniciativas de diálogo y
entendimiento mutuo, educación cívica e instituciones democráticas robustas.
Solo mediante un esfuerzo común podremos erradicar las estructuras que
promueven la fractura ciudadana. La presión de la ciudadanía por la
transparencia y la rendición de cuentas puede obligar a la clase política a
actuar de una manera más responsable y menos en la división.
El futuro de la democracia en España estará determinado por
nuestra voluntad de perseverar en la creación de una política de diálogo y
consenso. La transformación no será fácil ni rápida, pero no es imposible.
Requerirá un esfuerzo importante y tenaz de todos los sectores de la sociedad
para desmontar el statu quo actual, que es un negocio lucrativo y destructivo
basado en la confrontación. La experiencia de otros países demuestra que la
polarización se puede revertir de la mano de una política inclusiva y una
sociedad civil activa. Asimismo, también ha sucedido todo lo contrario:
sociedades que han permitido llegar al poder a candidatos autocráticos con un
pequeño barniz democrático.
Sin un esfuerzo decisivo para acercar las posiciones y
superar nuestra supuesta polarización, las consecuencias para España podrían
ser graves y duraderas. En última instancia, la perpetuación de la división
debilitará la cohesión social al erosionar la confianza de los ciudadanos y sus
instituciones democráticas. Un ejemplo contemporáneo de este letal círculo se
encuentra en la creciente violencia y enfrentamientos en torno a las
manifestaciones políticas. Los disturbios de Barcelona en 2019 son un micromodelo de intolerancia y radicalismo, pero son simplemente un ejemplo, cualquier otra supuesta «razón legítima» puede derivar en estas situaciones.
Además, la inmovilidad en la toma de decisiones políticas
puede paralizar el progreso legislativo, trayendo consigo instrumentos
poderosos sin oportunidades de implementación y socavando la capacidad de
implementar políticas en favor del bienestar económico y social del país. Sin
un esfuerzo consciente por parte de nuestros ciudadanos y líderes para alcanzar
consensos más amplios, profundizaremos aún más las brechas, fracturas sociales y
políticas y debilitaremos nuestra democracia y nuestro futuro.
domingo, 5 de mayo de 2024
Discutir por discutir es discutir al cuadrado
Erístico es un antiguo término retórico que se refiere a la forma en que ciertas personas discuten por discutir. En el mejor de los casos, les importa más ganar que tener razón. En el peor, simplemente quieren seguir discutiendo ad infinitum. Ninguna de las dos cosas es buena, pero ambas siguen siendo tan comunes ahora como hace dos mil años... si no más.
En parte, debido a la prevalencia de la erística, me siento atraído por lo que dijo Buda sobre las «preguntas sin respuesta», a veces llamadas «imponderables». Se trataba de una serie de preguntas relativas a la naturaleza de la existencia a las que se negaba a responder. ¿Por qué? En parte porque pensaba que era imposible hallar respuestas y, por tanto, una pérdida de tiempo. Y, lo que es más importante, argumentaba que sencillamente no tienen sentido. Por tanto, son peores que una mera distracción, porque nos perjudican activamente, lo cual, para Buda, significaba reducir la conversación a un contenido intelectual en exceso y no centrarse en la experiencia, desviándose así del camino hacia la iluminación.
La idea de Buda de que ciertas preguntas son una pérdida de tiempo (o algo peor) parece especialmente pertinente en la era de Internet, un lugar y tiempo lleno de discusiones interminables y de laberintos sin final. ¿Nos enzarzamos o no en estos infructuosos debates en línea? Me viene a la mente lo que está escrito en el Libro de los Proverbios: No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también seas como él.
Platón dijo una vez que la retórica es el arte de trabajar sobre el alma de los hombres por medio del lenguaje. Una perspectiva convincente, ¿pues qué es la civilización humana, sino una serie incontable e interminable de conversaciones entre seres humanos? Siendo así, cómo hablamos y de qué elegimos hablar —o no hablar— son algunas de las decisiones más importantes que podemos tomar en la vida. Esta observación se encuentra en el corazón de las preguntas sin respuesta de Buda; una sabiduría antigua de suprema relevancia en un mundo dominado por la erística.



















