jueves, 20 de marzo de 2008

Las Causas

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innumeras del Ganges.
Chiang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
Cesar en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de los reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El polvo incalculable de los ejércitos.
La voz del ruiseñor de Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas en la nube del desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.

Se precisaron todas estas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

Jorge Luis Borges