miércoles, 9 de enero de 2008

Crimen Perfecto

El vaso de café llevaba dos minutos sobre la mesa del salón, junto al trozo de chocolate que tomo casi todas las sobremesas.

El vídeo marcaba el minuto 5 y 12 segundos.

Ella y su amante hablaban, antes de que llegara su marido.

Aunque era la tercera o cuarta vez que veía sus caras no podía resistir la tentación de seguir al pie de la letra su diálogo, hasta el punto de que sin darme cuenta, y en pocos segundos, quedé como absorbido por la televisión.

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Del miedo pasé a la tranquilidad. Ni Margot, ni Marc Holiday podían verme y eso que estaba a tan solo dos pasos de ellos.

Tampoco debían oírme. Intenté advertirles de la llegada de Tony, el marido de Margot, pero ellos seguían a lo suyo

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... ¿por qué pensé que me querías aún?

Y como ya sabía, llegó él

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No puedo evitar que se me pusieran los pelos de punta. Tony me atravesó sin inmutarse. Mi corazón sonaba como un tambor y uno era para menos, no me digan. Y es que Tony era todavía más misterioso así visto de cerca.

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... ¿nos ha reservado la mesa?

Era todo igual que en la ficción.

Tony seguía tan cínico y perverso como la primera vez que lo vi.

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La inocencia de Margot era lo que podía conmigo.

¿Cómo era posible que no se oliera que el Tony ese estaba tramando su asesinato?.

Uno es periodista y en estos casos siente la vena salvadora, ¿no?, pero tenía la sensación de que poco, muy poco, podía hacer por ella.

El caso es que no me quedaba demasiado tiempo. Estaba en el minuto ocho y la llamada telefónica famosa era en el cuarenta y uno.

Sólo tenía una posibilidad: salir con ella y Marc Holliday e intentar, por todos los medios a mi alcance, e intentar, digo, advertirles del peligro que corría Margot.

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... ya lo cogeremos en el camino


No lo dudé y abandoné con ellos el apartamento en donde quedaba mi amigo, entre comillas, Tony.

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Al mismo tiempo, no podía perderme la oportunidad de ver Londres en plenos años 50-60.

Y allí se quedó el Tony ese. Más de quince minutos duró su conversación con el compinche. Y lo cierto es que su plan era casi perfecto. Me lo sabía casi de memoria.

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E........ "¿Cuándo tengo que matarla...

T........ "... (maleta)

Insisto: el plan era genial, sin más, no. Tony era muy inteligente y tenía todos los detalles controlados.

Cada vez que le oigo, más me admiro de su genialidad. Por eso, estaba deseando vivir en directo, en la misma habitación de los hechos, la escena del teléfono.

Tuve que esperar un día.

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Allí estaba el asesino. Con la misma gabardina azul y el mismo bigote. El también me atravesó. Daba igual, yo en quien pensaba era en ella.

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El de la gabardina empezó a intranquilizarse: Tony no llamaba y ya era la hora prevista.

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TELÉFONO


Grité como en mi vida he gritado. ¡No lo cojas!, ¡no lo cojas!. Margot no me oía, claro... y pasó lo que tenía que pasar.

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¿Diga, diga...

He de reconocer que el momento en que Margot clavó las tijeras en la espalda del de la gabardina azul fue bastante impresionante.

En televisión, ya llamaba la atención, pero así, tan cerca, pues... la verdad: me faltó un pelo para caer redondo al suelo, como él, pero sin tijeras, claro.

Por lo demás, la impotencia era total y absoluta.

Qué hacía yo allí. Además, con un muerto en la alfombra y una mujer llorando y en estado nervioso.

Por mí, hubiese seguido allí hasta el final de la película, pero, de repente, volví a estar sentado en el sofá del salón.

El café ya estaba frío, el bombón se lo había comido mi hermana, y reloj del vídeo marcaba el minuto 46

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PELICULA

Llevaba como una hora frente al televisor. Margot y Tony estaban en casa, mientras que Marc Holliday hacía tiempo que no aparecía por la habitación.

La historia había seguido su camino de siempre, vamos eso esperaba, porque si les cuento la verdad: había visto imágenes y oido cosas, pero no podía decir que mi atención hubiese estado dirigida hacia la magnífica película de Hitchcok.

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Fue un instante. Concentrarme un poco y verme de nuevo sentado en el sillón jaspeado próximo a la lámpara de mesa, es que está entre la chimenea y la mesa de madera de Tony.

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... puedo pasar

Allí estaba mi héroe. Minuto 56.

Inspector Hephabard. Apellido difícil par alguien tan o más inteligente que el propio Tony. ¡Ay Tony!, qué poco te queda. Bueno, bueno... no adelantemos acontecimientos.

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Es curioso. Todos obviaban mi presencia menos el inspector. Lo digo porque nada más entrar me hizo un gesto, como un saludo. Volví a sentir palpitaciones. No era posible que él sí me viera y ellos no, cuando...

pero qué era aquello, qué estaba pasando

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... JUICIO-SENTENCIA

¡Qué injusticia, Dios mío!. Ahora sí era el momento de hacer algo. Enseguida pensé en el inspector. Era el único que podía salvar a Margot.

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... LLAVE

Eso, eso: la llave.

...

Tony estaba nervioso, muy nervioso (...) Sus coartadas perdían fuerza.

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... no se preocupe

1 HORA Y 43 MINUTOS.

Todo estaba solucionado

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...

¡Qué cínico el tío!

...

...... TELEFONO ..........

- Sí

- Nada, aquí, viendo Crimen Perfecto, de Hitchcok.

- Sí, sí... ya te la dejaré. Es genial, de verdad. Ya veras.

- Bueno ¿qué hora es?

- Vale, pues dentro de media hora, en la puerta de tu casa.

- Eso es, vale, hasta luego.