martes, 24 de junio de 2008

Rebelde con causa

Epicuro fue el primer globalizador que imaginó una política esperanzada del amor, frente a la mística de las palabras vacías, de los consuelos imposibles y de los premios o castigos de otro mundo, levantando una muralla firme con un mensaje revolucionario.

La filosofía de la corporeidad y del placer no constituyó en ningún momento la grosera versión ideológica que la tradición nos ha entregado. Su mensaje era el de un rebelde, un político absolutamente incorrecto. Le interesaba la política como expansión de la felicidad, como expansión de la vida, de la seguridad universal, la felicidad, la justicia, la sabiduría y la belleza como valores humanos elementales.

Proclamó el derecho a la vida y a la felicidad, entendida esta última no como un derecho a la felicidad en si misma, sino como un "bienser". Consideraba que el estímulo de los seres humanos no debían ser el odio hacia el otro.

Fue un asceta, un ser espiritual entregado a los demás. En vez de pensar que el hombre es un lobo para el hombre, consideró originalmente, que es un ser humano para el ser humano.

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