miércoles, 10 de octubre de 2007

Leeeentooooooo.....


Desde la privilegiada atalaya de ex-urbanita compulsivo y actual neoconverso mediterráneo, quisiera poner un granito de arena, en la batalla por la difusión universal del epicureísmo:

Slow Food, fundada por Carlo Petrini en 1986, es una organización internacional, cuyo objetivo es proteger los placeres de la mesa de la homogeneización del fast food y los hábitos alimentarios del modo de vida moderno. Slow Food, promueve la cultura gastronómica, desarrolla la educación del gusto, conserva la biodiversidad agrícola y protege aquellos alimentos tradicionales en peligro de extinción, a fin de que todos podamos gozar de unos alimentos buenos, limpios y justos.

Slow Food se convirtió en 1989 en una asociación internacional. Actualmente cuenta con más de 85.000 miembros inscritos, con sedes – por orden de inauguración - en Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Francia, Japón, y adheridos en 130 Países.

Slow Food supone dar la debida importancia al placer vinculado al alimento, aprendiendo a disfrutar de la diversidad de las recetas y de los sabores, a reconocer la variedad de los lugares de producción y de los artificios, a respetar el ritmo de las estaciones y del convite. Pero la receta puesta a punto por Carlo Petrini y sus colaboradores propone conjugar el placer y la reivindicación del derecho al disfrute por parte de todos con un nuevo sentido de responsabilidad: una actitud que Slow Food ha llamado eco-gastronomia, capaz de unir el respeto y el estudio de la cultura enogastronómica con el apoyo a cuantos en el mundo se ocupan de defender la biodiversidad agroalimentaria. Slow Food sostiene la necesidad de la educación del gusto como mejor defensa contra la calidad mediocre y los fraudes y como vía maestra contra la “macdonaldización” de nuestras comidas; actúa en por de la salvaguardia de la cocina local, de las producciones tradicionales, de las especies vegetales y animales en peligro de extinción; fomenta un nuevo modelo de agricultura, menos intensivo y más limpio, fundado en los conocimientos y el savoir faire de las comunidades locales, el único capaz de ofrecer perspectivas de desarrollo incluso a las regiones más pobres del planeta.

Para ello, Slow Food se compromete en la salvaguardia de los alimentos, de las materias primas, de las técnicas de cultivo y de transformación heredadas por los usos locales consolidados en el tiempo; en la defensa de la biodiversidad de las especies cultivadas y salvajes; en la protección de locales gastronómicos y de convivencia que, por su valor histórico, artístico o social, forman parte del patrimonio de la cultura material.

El enfoque de Slow Food al tratar estos temas es peculiar. La filosofía del movimiento, fundada en la defensa del placer gastronómico y en la búsqueda de ritmos vitales más lentos y meditados, parte de consideraciones sobre el valor de la alimentación para reflexionar sobre la calidad de la vida y llegar al reconocimiento de las identidades, con el objeto de revalorizar la historia de cada grupo social en una red de intercambios recíprocos. Al considerar el valor de un alimento, ya se trate de una variedad de fruta o de un plato típico, no se puede prescindir de la relación de éste con la historia, la cultura material y el ambiente en el que se originó. Por eso Slow Food defiende la necesidad de mantener, en la producción agrícola y zootécnica, un equilibrio de respeto y de intercambio con el ecosistema circundante. Éste es el motivo de que Slow Food haya sido definido como un movimiento de eco-gastrónomos.

La red Slow Food, se subdivide en sedes locales - llamadas Condotte en Italia y Convivium en el mundo, coordinadas por un Convivium leader – que se ocupan de organizar cursos, degustaciones, cenas, viajes, de promover a nivel local las campañas lanzadas por la asociación y de participar en los grandes eventos organizados por Slow Food a nivel internacional. Están en activo más de 800 Convivium Slow Food en 80 Países, incluidas las 350 Condotte en Italia.