lunes, 23 de julio de 2007

Premio a la sinceridad



Edgar Neville en un sencillo telegrama resumió el triste sino del diplomático. El mensaje decía: «Sin instrucciones concretas, sin idea de la misión que debo realizar y sin estar muy seguro de cómo llegaré a un lugar cuya localización geográfica desconozco, parto hacia Tegucigalpa en donde quedaré como siempre a las órdenes de vuecencia.» Fue destituido fulminantemente.

Fernando Schwartz, en "Educación y descanso. Las anécdotas de la diplomacia" 2000