lunes, 4 de junio de 2007

"Dos horas de nada"

Hoy me he inyectado cortinglés en vena. Toda la tarde allí, deambulando en busca de algo original que te gustara. Antes de salir he preguntado dónde envolvían las cosas para regalo y me han dicho que en la caja central Desde allí te lo he enviado.

Te llegará seguramente el jueves. Haz con él lo que quieras, como siempre pero tal vez no desentone mucho entre el reloj parado que tienes sobre la mesa y esa máscara que siempre mira fijo y sonriendo pase lo que pase. Pero tú misma. Lo bueno de estas cosas es que quedan siempre bien en cualquier parte, no hay que limpiarlas mucho y pasan desapercibidas, si eso es lo que quieres, que yo creo que sí. No lo congeles; si note gusta, lo tiras directamente a la basura, pero no lo congeles, que te conozco. El frío es lo único que aguanta mal, se estropea, se pone chungo, se pone casi triste.

No necesita pilas. Funciona solo, aunque no te puede garantizar durante cuánto tiempo; supongo que depende del trato que le des. Si por casualidad ves que se acelera – le pasa en ocasiones. Tan sólo cántale una canción o acarícialo un poco. Si por el contrario ves que no funciona, olvídate de él porque ya no tiene arreglo. Debes saber que no tiene garantía y que si no te gusta, no te lo van a cambiar por un jersey a rayas, Eso si es un problema. Pero creo que el embalaje al menos resulta muy vistoso. Es un regalo de esos típicos en los que a uno le gusta más el continente que el contenido.

En la Caja Central se han esmerado; me puso a la cola hasta que me tocó el turno. Entonces me arranqué el corazón y se lo di a la señorita que lo introdujo con cuidad en una hermosa caja forrada de terciopelo. Luego le puso un lazo azul y una pegatina que ponía felicidades en dorado. Me preguntó si le ponía también la etiqueta de frágil y le dije que no; al fin y al cabo es solo un corazón, un viejo corazón cansado de idas y venidas y que únicamente aspira a ocupar un lugar discreto en el decorado de tu vida. Nada más.

por Andrés Aberasturi