domingo, 29 de septiembre de 2013

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En la naturaleza del Hombre está que seamos buenos los unos con los otros.

Que nos hagamos felices y nos ayudemos a prosperar, el ser humano es así, el odio no es intrínseco a nosotros.

El mundo es muy grande y todas y cada una de las personas tienen cabida en él.

Aquí todos deberíamos ser iguales, criaturas libres y hermosas sostenidas por una tierra rica, una tierra que tiene capacidad suficiente para alimentar a toda su población, pero no lo hace.

La codicia nos ha perdido, el materialismo nos ha cegado y nos ha empujado a la ignominia, o lo que es peor, a la indiferencia.

Pusimos la investigación y el desarrollo al servicio de nuestro bienestar, pero nos equivocamos en la manera de hacerlo, cuanto más tuvimos más quisimos, relegando al olvido a la parte más importante de nosotros, nuestra Humanidad.

Más que riqueza necesitamos sentimientos. Más que progreso, solidaridad y amor. Si nos olvidamos de lo que somos, el futuro estará perdido.

Vosotros tenéis el poder para cambiar las cosas. Vosotros tenéis el poder para acabar con un sistema que ahoga, exprime, desespera y mata.

A los que me estéis escuchando os lo digo: La felicidad es posible, la vida es posible. No escuchéis esa voz que dice “poco puedo hacer“, porque “muchos pocos es mucho".

Y juntos podemos construir un mundo nuevo, un mundo mejor donde hombres, mujeres y niños puedan comportarse y desarrollarse como hombres, mujeres y niños.

Luchemos por una vida digna donde nadie pase hambre, donde no exista la miseria.

¡Ciudadanos! En nombre de la razón, unámonos contra la delirante injusticia del hambre.