domingo, 13 de enero de 2013

Invasores de Marte

Traducción de la entrada Invaders from Mars de Charlie Stross, publicada el 14/12/2010 en Charlie's Diary.

"Votar no cambia nada - los políticos siempre ganan." No siempre fue así, pero últimamente escucho mucho variaciones sobre ese tema y no sólo en el Reino Unido.

¿Por qué nos sentimos tan impotentes políticamente? ¿Por qué el mundo se está yendo a la mierda de una manera tan obvia? ¿Por qué no puede arreglarlo alguien?

Esta es mi (admitamos caprichosa) hipótesis de trabajo...

El origen de la decadencia comenzó en el siglo XIX, cuando el ordenamiento jurídico de los EE.UU. comenzó a reconocer a las empresas como personas de facto. Avanzamos rápidamente más allá de la caída del Antiguo Régimen, hasta la segunda ola del colonialismo moderno: Una vez que los EE.UU. vistió el manto de la hegemonía global en 1945, tomado de las manos de un Imperio Británico en quiebra, de manera natural exportó su modelo empresarial por todo el mundo, utilizando el músculo diplomático (y militar), para promover el acceso a los mercados en nombre de las grandes empresas de los EE.UU..

Las grandes empresas no comparten nuestras prioridades. Son organismos colmena constituidas por trabajadores de grupo, que entran o salen del colectivo: los que participan en ella subordinan sus objetivos a los de la colectividad, que persigue los tres objetivos empresariales de crecimiento, rentabilidad y evasión del dolor. (Las fuentes del dolor que un organismo empresarial trata de evitar son las demandas, querellas, y la pérdida de valor para el accionista.)

Las corporaciones tienen una esperanza de vida media de alrededor de 30 años, pero son potencialmente inmortales, viven sólo en el presente, teniendo poco respeto por el pasado o (gracias a la normativa contable a corto plazo) el futuro a largo plazo, y por lo general exhiben una falta sociópata de empatía.

Colectivamente, los grupos de presión internacionales negocian tratados de comercio para conseguir las condiciones más propicias que les permitan alcanzar sus tres objetivos. Intimidan individualmente a los legisladores a través de canales públicos (con la amenaza siempre presente de cobertura de noticias desfavorables) y mediante canales encubiertos (donaciones en campañas políticas). El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio y los tratados posteriores, definen nuevos reinos propietarios y una vez incorporado a la legislación, establece la situación macroeconómica: los políticos locales ya no controlan sus economías nacionales.

Las corporaciones, no siendo humanas, carecen de lealtad patriótica, con un régimen de libre comercio a su disposición, son libres de moverse hacia donde los impuestos y los salarios son bajos y los beneficios altos. Lo hemos visto recientemente en Irlanda, donde, a pesar de un presupuesto de austeridad brutal, el impuesto de sociedades no se va a subir, para que las multinacionales no deserten a climas más cálidos.

Durante un tiempo el sistema comunista contuvo esta situación, ofreciendo un paradigma rival, no obstante defectuoso, sobre como podríamos vivir: pero con el colapso de la URSS en 1991 - y la adopción del corporativismo estatal en China como motor para el desarrollo – la oposición en gran escala al sistema corporativo-empresarial se agostó.

Ahora vivimos en un estado global, estructurado en beneficio de entidades no-humanas con objetivos de no-humanos. Tienen una gran capacidad para llegar a los medios de comunicación y los utilizan para distraer la atención sobre las amenazas a su propia supervivencia. También tienen una enorme capacidad para apoyar litigios contra la participación pública, salvo en circunstancias muy limitadas en el que se prohíben tales acciones. Los seres humanos individuales, atomizados, son por tanto incorporados a estos entes (se puede vivir muy bien siendo Consejero Delegado o político, siempre y cuando no se muerda la mano que te da de comer) o arrollados, si tratan de resistirse.

En resumen, vivimos bajo las consecuencias de una invasión alienígena.