lunes, 11 de agosto de 2008

Decálogo del Buen Alumno

  1. Nunca estés toda la clase despierto, el profesor puede llegar a pensar que aterrizaste de otra galaxia asombrado por su inmensa sabiduría. Convéncete de que tu grado de interés se mide por el número de bostezos.
  2. Las clases se inventaron para los no dotados con ciencia infusa como tú. Procura faltar a clase el mayor número posible de veces, podrían llegar a pensar que todo tu interés y atención está puesto en aprender.
  3. Invéntate fiestas y fúgate el mayor número posible de clases. Si no eres capaz de ser un pícaro de joven, difícilmente podrás enorgullecerte de haber demostrado de joven tu inteligencia.
  4. La cantidad de años de existencia es inversamente proporcional al número de libros que se leen. Cuídate una existencia dichosa y longeva; no malgastes la preciosa vista que la Enseñanza Secundaria todavía te ha dejado intentando aprender un poco más. No te olvides de que a mayor tele-videación menor lectura-ideación; es el principio metafísico del bípedo implume del mañana.
  5. Un libro ya no ayuda a triunfar. Sólo la televisión ayuda a olvidar. Las bibliotecas del futuro son los videoclubs del presente ¡Utilízalos, adelántate al progreso! Cuanto antes deje uno de pensar y de leer menor ridículo social le espera. ¡Animo, alguien tú puedes ser el primero!
  6. Tu interés por la cultura es proporcional a la cantidad de minutos que consigues robar al profesor en clase. Procura andar despacio, ser cortés en los pasillos, afable en el trato... nunca te sientes el primero, podrían llegar a pensar que estás enfermo.
  7. Nunca preguntes por el club o asociación de alumnos de tu centro, podría llegarse a pensar que eres incapaz de divertirte contigo mismo. Si te has embarcado en alguna actividad procura dejarla siempre a medias, recuerda que la perfección y la honradez son residuos educativos de épocas medievales.
  8. No se te ocurra ilusionarte con el estudio, podrían llegar a pensar que has caído en las redes del sistema. Convéncete de que la ilusión en el trabajo, al igual que la ilusión en el estudio, sólo es propia de aquellos que han entendido su existencia como sufrimiento, dolor y castigo; ¡estoy hecho polvo, luego existo!
  9. No se te ocurra preguntar en clase, conserva tu timidez hasta el final. Todos sabemos que no sabemos nada, sigamos nadando en la ignorancia. Sé cauteloso y recuerda que la pregunta no es el origen de la conciencia sino de la insolencia.
  10. Estos nueve preceptos se resumen en dos; odiarás la ciencia sobre todas las cosas y a los libros como a ti mismo. El alumno perfecto es el ignorante perfecto; nunca tiene la culpa de nada, con él nunca pasa nada... nunca sabe nada.